domingo, 24 de mayo de 2015

Escuelas Públicas versus Colegios Privados

Mi experiencia con la educación ha sido que ni las escuelas públicas están tan malas, ni los colegios privados tan bien como los pintan. Ciertamente hay colegios privados de primera, y escuelas públicas que dan grima. Pero generalizar a favor de las privadas te puede llevar a desperdiciar dinero en una educación mediocre y deficiente, basado en los estándares mínimos de calidad académica. 


Claro que los reporteros saldrán, como todo agosto, a informar sobre los problemas en las escuelas públicas cerca de sus canales, por aquello de no alejarse mucho de la estación. Y como el que busca encuentra, hallarán algunas con baños sin papel higiénico y otras sin pintar. A donde no irán es a las escuelas donde, contra viento y marea, los estudiantes salen en las pruebas de aprovechamiento por encima de sus contrapartes en los colegios, y donde los maestros están muy por encima de sus colegas en las privadas. Y jamás irán a los colegios privados llenos de problemas que esconden bajo la alfombra.  Muchos son chinchorros académicos para sacarle el dinero a la agobiada clase media, aduciendo una calidad que no tienen.  
  
Yo soy producto de escuelas públicas: de primer grado a sexto estudié en la escuela Consuelo López Benet, del barrio Vegas en Cayey, mi intermedia en la Agustín Fernández Colón de Montellano (hoy elemental) y la superior en la Miguel Meléndez Muñoz.  Y por lo que me dicen, me prepararon muy bien.  

Claro que falta mucho por hacer.  El Departamento de Educación de Puerto Rico necesita una implosión en su estructura burocrática, y sacar de allí a los buitres políticos, populares y penepés, que lo han llevado al estado en que se encuentra.  Pero mientras tanto, acá abajo en los salones de clase, la lucha la siguen ganando maestros y estudiantes que se superan día a día por un Puerto Rico digno, una patria por la que vale la pena luchar.  Y en esa lucha yo he dicho presente.  

lunes, 18 de mayo de 2015

Es hora de traerlo a casa

La Puerto Rico Federal Affairs Administration (PRFAA) office es una pérdida absoluta de dinero. Estamos gastando en la alimentación de Juan E. Mayoral Hernández, que bastante cara que nos sale.
Es hora de traerlo a casa.


sábado, 4 de abril de 2015

Huevos

La fila en el Walmart era inmensa.  Sábado de Gloria.  Dado que el Viernes Santo todo estuvo cerrado los puertorriqueños, yo incluido, abarrotamos las tiendas para suplirnos de carnes, vino y cerveza. Después de todo era Sábado de Gloria.  Como siempre, de todas las filas para pagar la mía era la más lenta.  Por supuesto no me cambié sabiendo que tan pronto lo hiciera la fila se movería rápido y la nueva se detendría.  Para lo que no estaba preparado era la razón de la lentitud: la cajera necesitaba conversar con el cliente de turno sobre lo que fuera.  Yo, que no puedo ocultar mis desencantos, esperaba impaciente mi turno dos clientes más atrás, cosa que la cajera notó.  Lo vi en sus ojos.  Me miró con saña.  Traté de sonreírle pero sabía que era muy tarde.  Se desquitaría.

Por fin le tocó el turno al cliente al frente mío.  Todo transcurrió fluidamente hasta que la cajera pasó el cartón de huevos.  El último artículo.  Entonces le dijo al señor, -¿Usted cotejó que los huevos no estuvieran rotos? Veamos- Y procedió a abrir el cartón, inspeccionar los huevos y declarar que había uno roto.  Entonces sentenció que eso era inaceptable, que ella misma iría a Servicio al Cliente, con el cartón con 11 huevos sanos, para que lo cambiaran.  

En mi vida había visto algo así.  Yo, consumido por la prisa, vi con horror cómo se hacía historia frente a mis ojos.  Nunca, en ningún lugar del planeta, una cajera abre un cartón de huevos para inspeccionarlo.  El episodio le añadió diez minutos a mi espera de media hora frente a la caja maldita. Al final me alejé molesto, no tanto por el tiempo perdido, sino porque la tipa no inspeccionó los huevos míos.

sábado, 7 de febrero de 2015

Eleutherodactylus portoricensis

Eleutherodactylus coqui o coquí común.  Visto el 6 de febrero de 2015 en Cayey, Puerto Rico, el el área de Guavate/Vegas.  





lunes, 28 de julio de 2014

El Día que Entré a la Casa de Don Pedro Albizu Campos

Ayer fui al Mezzanine at St. Germain´s, local sito en la esquina de la calle Cruz y calle Sol, lugar demasiado pretencioso con una oferta de tapas regulares.  Lo que me llevó allí, sin embargo, además de compartir con amistades muy queridas, fue visitar la que fuera residencia del padre de la patria puertorriqueña, don Pedro Albizu Campos.  Fuimos atendidos por una chica que tuvo dificultad en identificar el partido al que pertenecía don Pedro, y que obviamente no tenía idea de la santidad histórica del lugar.  Pero no se le pueden pedir peras al olmo.  Para los que conocemos un poco de historia de Puerto Rico, autodidactas, por supuesto, ya que el sistema de educación nos ha negado la misma, estar allí es sentir a don Pedro.  Nos sentamos en el que fuera uno de sus cuartos, y me paré en uno de los balcones que dan a la calle Sol, como él lo hiciera hace tantos años.


En ese lugar sacrosanto, el 30 de octubre de 1950 fue arrestado entre tiros este patriota que tenía muy claro qué es ser puertorriqueño, con un sentido de dignidad puro, de ese que escasea en el país de hoy. Ese día se levantó en armas la crema y nata de la puertorriqueñidad contra el gobierno de Estados Unidos en lo que se conocería como el Grito de Jayuya, del que nunca te hablaron en la escuela ni en la universidad cómplice del colonialismo.

Cuando vayas, siéntate en la barra y mira hacia la pared derecha.  Todavía están allí los huecos de las balas disparadas tratando de asesinar a don Pedro, testimonio mudo de la traición a la patria por parte de Luis Muñoz Marín, a quien Pablo Neruda llamaría Judas y gusano.

El día que nos unamos a las naciones soberanas del planeta entraremos al lugar y, como el Jesús en el templo profanado, lanzaremos mesas, sillas y licores por las ventanas que dan a las calles Sol y Cruz, y declararemos el lugar un museo viviente de don Pedro Albizu Campos, padre de la patria puertorriqueña.

Algún día.


Bon inde Yuesei

Les incluyo la letra de la canción "Born in the USA, que gringos de extrema derecha usan en sus actividades porque desconocen su verdadero significado. La canción es una severa crítica social de Bruce Springsteen (the Boss) a la invasión de Vietnam por los EEUU. 

Ayer 26 de julio varios estadistas la usaron en una marcha, cantando como papagayos "Bon inde yuesei". 


domingo, 20 de julio de 2014

Pollos e Iguanas de mis Vacaciones en Cabo Rojo

Regresé a Cayey de mis vacaciones en Cabo Rojo. Me quedé una semana en un lugar de Combate donde prácticamente no había señal de celular. Estar desconectado es una sensación extraña, tras años de conexión constante. Eso nos cambia. Empecé a disfrutar de detalles que enriquecen nuestras vidas. A través de mis caminatas por una playa desierta aprecié los caracoles, o por lo menos el carbonato de calcio que nos dejaron, y por un pequeño bosque vi de cerca auras (Cathartes aura), buitres que sobrevuelan desde la zona de Ponce hacia el oeste, en busca de la carroña de animales muertos. El número de flamboyanes (Delonix regia) encendidos de flores era impresionante, y los había rojos, anaranjados y amarillos. También vi muchas iguanas o gallinas de palo (Iguana iguana), precisamente comiéndose las hojas de los flamboyanes. Por las mañanas me despertaba el cantar de aves para mí desconocidas. Ciertamente los pollos que rodean mi casa cantan distinto. Había uno que hacía un sonido como el de la alarma de los camiones de basura cuando dan reversa. Más de una vez me asomé temprano esperando ver a los basureros, que creo es como se le dice a los que llevan a cabo esa digna labor. 

Así estuve los primeros días de la semana. Por supuesto fui par de veces a la playa, que es mi número límite para tostarme al sol. Uno de los días, tras identificar un hermoso árbol a la orilla de la playa de Mojacasabe, nos sentamos frente al árbol a disfrutar de su sombra.
La playa estaba prácticamente vacía ese día de semana. Aún así vino una familia como de diez y colonizaron la parte de atrás de mi arbolito. Miré incrédulo alrededor a todos los espacios disponibles, pero como las cosas están como están, me quedé callado. Supongo que el sol sale para todos, y las sombras que nos cobijan deben compartirse; hasta que uno de ellos plantó un hibachi a mi lado y procedió a encenderlo. Le pregunté si en serio iba a encender aquella cosa sin avisarme y sin pedir permiso. Le dije que éramos asmáticos (no es cierto), y que él no tenía derecho a violar mi lebensraum de esa forma. Entonces me dijo, como si no entendiera mi molestia, qué él había tomado en cuenta la dirección del viento antes de ponerlo. Esa era una discusión que yo no iba a ganar, así que cogimos nuestras cosas y nos fuimos. 

 Ya para el cuarto día la falta de internet estaba haciendo mella en mi bienestar emocional. Descarté el deseo de conexión digital como una enfermedad de la sociedad moderna y volví con mis caminatas apreciando la naturaleza, seguidas por largas horas leyendo y durmiendo. Claro que me molestaba que no podría ver las series de Netflix que me había propuesto disfrutar a través de mi celular con conexión 4G LTE ilimitado. En el lugar había una piscina que visité frecuentemente porque el agua no es salada y uno no sale lleno de arena por cuanto orificio tiene en el cuerpo. Eso sí, tenía que ser después de las cinco de la tarde porque ese sol del oeste no es para seres humanos. Uno puede morir de insolación, o de cáncer de la piel. o de alguna otra enfermedad catastrófica. 

 Para el quinto día los pollos me estaban irritando. Todas las mañanas con el canto de camión de basura, y otros pájaros que, aunque cantaban bonito, nunca antes había escuchado y eso me causaba disonancia cognitiva, y yo no llegué para eso. Probablemente pájaros del norte que migraban a Cabo Rojo a jorobar la pita. Miraba el flamboyán del frente y ahora me molestaba sobremanera ver a las iguanas comiéndole las hojas, tan lindo que estaba, y empecé a desear tener un arma de fuego para enviarlas directo al infierno de las gallinas de palo. 

 El sexto día ya no aguantaba a los pollos basureros y salí a confrontarlos. Al salir inmediatamente se callaron. Entré al apartamento y volvieron a cantar. Salí y se callaron, Entré y cantaron. Charlatanes.  El último día empacamos y salí a toda prisa del lugar, al fresco de Guavate y al canto de pollos conocidos. A internet 4G LTE ilimitada. Pero juraría, por los ruidos que escuchaba por la autopista, que los pájaros malditos me siguieron todo el camino hasta Cayey.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Carta Abierta al Gobernador de Puerto Rico

18 de diciembre de 2013
Cayey, Puerto Rico


Sr. Gobernador:


En pleno siglo 21, con una economía globalizada y una competencia feroz por los mercados emergentes, tanto en el sentido geográfico como en el tecnológico, Puerto Rico se encuentra ante una encrucijada: seguir el camino de la mediocridad que nos trajo aquí, al que nos trajeron aquí, u optar por ser un país de primera. La solución a nuestros problemas se cae de la mata.  Otros países la vieron, la agarraron y corrieron con ella hacia el futuro.  Lo hizo Singapur, Finlandia, Corea del Sur, Taiwán y tantos otros países que nos han dejado perdidos en esta carrera.  La cacarean los políticos de turno, de todos los partidos, cuando se les pregunta cómo salir de este atolladero porque ellos la conocen.  La solución es tan obvia que rueda hacia la boca como El Contemplado de Pedro Salinas: es la educación.

El gran programa de país que todos reclamamos es ese: hacer un esfuerzo concertado para convertir nuestro sistema educativo en uno de los mejores del planeta.  Tenemos los recursos humanos para lograrlo.  Tenemos maestros de primera en las escuelas, profesores de primera en las universidades y estudiantes que no tienen nada que envidiarle a los demás del mundo.  Más aún, tenemos la disposición plena y absoluta de hacer lo que haya que hacer para lograrlo.  Nosotros los educadores estamos claros; son ustedes los gobernantes los que están confundidos.  Todo lo ven nublado por pequeñeces administrativas y las peleas políticas de turno.

Señor gobernador, demuestre que entiende lo que hay que hacer.  Fortalezca nuestro sistema educativo incentivando a nuestros maestros, diciéndoles con sus acciones que los respeta, los apoya y los valora. Comience sacando sus manos del sistema de retiro de nuestros docentes, y sígalo anunciando un aumento de salario justo y adecuado para ellos y ellas. Con esa acción comenzaremos la marcha hacia un país de primera.  Fortalezca la educación, que lo demás vendrá por añadidura. La alternativa es el abismo.


Edwin Vázquez de Jesús
Catedrático
Universidad de Puerto Rico en Cayey


jueves, 28 de noviembre de 2013

La Historia del San Givin Boricua

Sucedió que hace muchos años un grupo de boricuas escapó de la persecución religiosa en la isla y se montó en un barco llamado La Flor de Mayo, que se dedicaba a hacer mudanzas. Y llegaron a algún lugar de la costa este de lo que sería Estados Unidos y allí la montaron con fiestas y Medallas. 

Pero cuando se metió el frío pelú de noviembre muchos murieron, excepto los que venían del centro de la isla pues estaban acostumbrados al frío (que es la razón por la que la mayoría de los boricuas modernos descienden de cayeyanos).  Entonces les dio un hambre canina y no tenían nada que comer. Había por aquellos lugares unos indios (que no eran de India porque Colón era un animal) les ofrecieron pavo. Los boricuas lo probaron y lo escupieron declarando que aquello sabía a mier...bueno, digamos que no les gustó. Claro que uno de ellos siempre andaba con orégano, ajo, recao, cebolla y hasta la madre de los tomates y lo adobó como si fuera un puerco. Le llamaron el pavochón.

A los indios no les gustó mucho la cosa y se fueron disgustados ( ya nada sería igual entre ambos grupos). Los boricuas se comieron los pavos como si fuera navidad y le dieron gracias a dios.  Desde entonces todos los noviembres los boricuas celebran este suceso. Le llaman San Givin y lo celebran amaneciéndose frente a una megatienda para comprar un televisor.